La larga y ejemplar lucha del pueblo de Gualeguaychú para impedir la contaminación de las pasteras sobre el Río Uruguay ha puesto de manifiesto, una vez más, la depredación de nuestro medio ambiente por parte de monopolios extranjeros y sus socios nativos. Estos intereses ya no sólo pretenden la mano de obra barata de los países dependientes como Argentina y Uruguay, sino que también nos quieren usar como basureros para una producción que no está permitida en sus propios países.
La pastera que construye Botnia, de capitales finlandeses, aprovechando la falta de trabajo de los hermanos uruguayos, puso en evidencia el acuerdo entre los capitales predadores y los gobiernos de turno, así como su doble discurso. Se viola sistemáticamente el Tratado del Río Uruguay, río cuya soberanía es compartida, y se destruye en forma compulsiva un modelo social y productivo instalado en la región.
Este y otros problemas ambientales llevan años afectándonos, pero han recobrado vigencia a partir de la lucha del pueblo entrerriano.
Las explotaciones mineras contaminantes, en particular las a cielo abierto como las de Bajo La Alumbrera y Veladero, por citar sólo las más conocidas, están destruyendo el paisaje, los glaciares y un modo de vida sustentable, secando las escasas reservas de agua dulce y contaminando con cianuro.